Una vez conté la historia del papel arrugado que
por mucho que lo intentases planchar siempre iba a estarlo.
En definitiva, la moraleja era que cada vez que
dañamos a una persona, esa herida perdura en el tiempo y por mucho que
intentemos remendar el error, queda grabado a fuego. Y esas quemaduras jamás se
van. Por eso es importante tener cuidado con los mecheros; si los lanzas con
todas tus fuerzas contra el suelo.. explotan.
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