Qué miedo. Por un momento pensé que me había quedado sin
palabras. Sin adjetivos, sin verbos, sin comas y sin tildes. Pensé que solo me
quedaba un punto final por poner a esta historia. Menos mal que me equivoqué.
Puede que no me queden palabras, pero tengo un montón de silencios. Y
vos mejor que nadie sabes lo que ellos encierran.. Pero, volviendo a mí,
supongo que callarme nunca estuvo entre mis planes. Simplemente necesitaba un
paréntesis. O dos. Unos cuantos espacios para dejar atrás cosas que duelen. Y
también fue buena idea darle varias veces al Enter. Hoja nueva. Vuelta de
página? No, cambio de libro. Y seguir con mi paranoica verborrea, que aún me
quedan muchas cosas por decir. Pero, eso sí, a partir de ahora con la certeza
de que las personas no se olvidan, solo dejan de importar.
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