sábado, 8 de septiembre de 2012
Me dieron ganas de encerrarme en mi pieza, encender la música y no salir nunca. Quedarme ahí hasta dormirme y no salir en la mañana. No hablo de la muerte, por que sería una forma muy sencilla de escapar a algo que no es tan grave, pero por un momento deseo estar sola, y tener la libertad de correr, bailar, cantar, gritar, sin prejuicios de nadie, sin nada que me ate, sin secretos, sin amores, sin dolores. Cuando todo te sale mal, aun que sea por una mínima gota te enojas, te bloqueas y no queres ver a nadie. Pero ese sentimiento sirve nada más por un segundo, seguro estar solo lo sentís necesario pero no es lo que te va a sacar de ahí. Cerrarse en uno mismo es seguir hundiéndote, seguir doliendo cada día un poco más aun que no te des cuenta. Hablo de soledad, de encontrarte en tu pieza solamente con las mil razones para llorar. Tal vez ayude irse unos días lejos, lejos de toda esta miérda, y un poco de lágrimas, para rearmar tu mente. Pero sin duda lo que más ayuda en un momento así es una mano amiga (y vos me dejaste tan sola), que te apriete fuerte cuando queres estallar. No te va a reprimir, no te va a parar. Simplemente va a estar ahí escuchando lo que necesites o no decir. Finalmente, logrará una sonrisa por mas interna que sea. Poder salir del dolor depende principalmente de uno mismo, pero nadie estableció que debíamos hacerlo solos..
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario